La sabiduría

 Capítulo 9

IX. La sabiduría.

A. La sabiduría de Jesús.

1. La sabiduría en la justificación y santificación.

Dios en su sabiduría, sabiendo que el hombre nunca se podrá justificar delante de él, Dios santo, lo santificó y justificó en su sabiduría a través de la obra que realizó su Hijo Jesús, en este cuerpo de muerte. Participando de este mismo cuerpo, para llevar las enemistades del hombre con Dios. Haciendo la paz entre Dios y el hombre, abriendo el camino que estaba obstaculizado, por la condición de pecado del hombre, ya que el hombre procede de continuo al mal desde su juventud.

 

Esto no quiere decir, que el hombre sea malo, o bueno, justo o injusto, el problema es que no puede desligarse de su pecado.  Lo persigue, lo acecha y lo hunde. El que diga que no tiene pecado, no ha conocido la palabra de Dios. Porque Dios encerró al mundo entero bajo pecado, para tener misericordia de todos. El problema es que tu aceptes o no está misericordia.

 

Aunque el ser humano pudiera cumplir toda la ley y los mandamientos, su corazón es de continuo al mal, y no se puede desligar de esta naturaleza pecaminosa, porque hay pecados que no se ven. Y está el corazón del hombre. Por eso Dios pesa los corazones. Y ya se ha mencionado todos estos pecados, orgullo, envidia, homicidio, lascivia, idolatría, malos pensamientos, la soberbia, el adulterio, la fornicación, los hurtos, el engaño, todas las maldades. Marcos 7: 21-23.

 

B. La Gracia.

Por tanto, Dios en su sabiduría, y en su conocimiento nos justificó y nos santificó, para que ninguno se jacte en su presencia. Y el que se tenga que gloriar por cumplir todo lo exigido en los mandamientos y en la ley, se gloríe en el Señor Jesús. Quien fue quien realizó su santificación y justificación. Es decir, no te vas a sentir orgulloso porque lo lograste, y menos que nadie, porque no lo lograste. Es esta la sabiduría de Dios, que Jesús se santificó y nos justificó en su conocimiento, para justificarnos y santificarnos. 1 Corintios 1:29-31.

 

Por esto, la salvación es una obra de Gracia, es un don de Dios, para obtener la salvación, es un regalo otorgado por el don de fe, a todo aquel que reciba a Jesús. Efesios 2:8-10.

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