La Humanidad

 Capítulo 3

III. La Humanidad de su Ungido.

A. La participación de Jesús en el cuerpo humano.

1. Jesús como hombre.

Jesús participó de un cuerpo humano; como humano, fue engendrado por el Espíritu Santo en el vientre de María, sin que José interviniera, según nos explica el doctor Lucas, cuando el ángel Gabriel le pregunta a María, como va a ser esto si no he conocido varón. Allí el ángel le explica que será procedente del Espíritu Santo.

 

Para muchas personas es incomprensible, como Jesús nace procedente del Espíritu Santo, que lo concibe en el vientre de María. Aun para aquellos que han creído en Jesús. Pero no se le es difícil comprender que Dios hizo al primer hombre, y no hubo ni ovuló ni espermatozoides que participaran en su concepción. Si no que solo Dios lo creó y así lo creen; entonces porque como le cuesta comprender que fue Dios que concibió a Jesús en el vientre de María.

 

Dios mismo se hizo hombre, él mismo se ofreció en la obra expiatoria, no hubo participación humana en este hecho, solo participación Divina. Jesús como hombre, llora por la muerte de su amigo Lázaro, y sobre Jerusalén despidiéndose de ella, diciéndoles que quiso juntarlos, como se juntan los polluelos en el regazo de su madre, pero nunca lo comprendieron.  Una gran verdad indiscutible.

 

Jesús como hombre, camina por las calles de Jerusalén anunciando el evangelio de su reino. Jesús como hombre, tuvo sed y hambre. Jesús como hombre a la hora de morir, clamó padre porque me has abandonado. Dios lo tuvo que hacer para que pudiera morir el cuerpo humano donde estaba Jesús.

 

2. Jesús y la redención del hombre.

Era completamente necesario, que Jesús viniese a realizar la redención en un cuerpo humano. Un espíritu no podrá redimir al cuerpo humano. Se equivocan y tropiezan todas las ideologías humanas. Al sostener que Jesús solo vino en espíritu, porque no podrían explicar la redención de un cuerpo solo en espíritu.

 

Para que la doctrina de Jesús tenga una base firme y sólida, hay que reconocer, comprender y sostener la humanidad indubitable de Jesús. Jesús habitó en un cuerpo humano, igual que cualquier humano, con los mismos sentimientos, los mismos padecimientos, y aflicciones, porque así lo demostró. Las veces que lo hicieron padecer y sufrir. Blasfemado, escupido, flagelado, con azotes públicamente.

 

Lo más importante de poseer un cuerpo humano Jesús, es que su sangre fue vertida, derramada, cuando recibió los azotes, cuando fue horadada sus manos y pies, fue punzada con espinas sus sienes, fue herido después de su muerte en un costado saliendo sangre y agua, en la demostración de que murió.  

 

Porque sin sangre no hay remisión de pecados, dice la Biblia. Toda remisión se hace con sangre, hasta en lo pagano, sacrifican con sangre. Jesús participó de un cuerpo, y su sangre fue derramada en sacrificio, para remisión de los pecados. Su sangre rociada en el tabernáculo de Dios entre los hombres, en él mismo lugar santísimo que es él, siendo la propiciación por el pecado, en la cual la sangre fue derramada en su propiciatorio. Rociada en todo aquel que cree en esta obra de redención, para perdón de sus pecados.

 

3. Jesús y la salvación del hombre.

Jesús tomo el lugar que correspondía, tomar el hombre en el juicio de Dios sobre los hombres, por haber roto su pacto, invalidado sus mandamientos y leyes, y haber hecho caso omiso a su conciencia, en la que puso eternidad.

 

Por no haberlo honrado, todos aquellos que disfrutan y gozan sin costarle nada, todo lo creado: el sol, la luz, el aire, agua, energía, plantas, animales, peces y aves, sin haber nunca adorado y alabado a Dios por tener tanto privilegio.

 

Ese juicio es inminente, y se hará sobre cada ser humano, grandes y pequeños. Pero Jesús pasa por ese juicio, pagando en su totalidad todo el costo, para darnos a nosotros la eterna salvación de no pasar nosotros por ese juicio.

 

4. Jesús y la eternidad del hombre.

Dios no hizo al hombre para que muriera para siempre, Dios puso eternidad en el hombre. Y en la mujer que sale de la costilla del hombre. Por eso Dios envía a su Hijo Jesús, para salvar al hombre y que no muera para siempre, eternamente en un infierno.  

 

Cuando la persona muere, muere el cuerpo, pero el espíritu vuelve a Dios quien lo creó. Así cuando Jesús muere su cuerpo queda en el sepulcro muerto, pero su espíritu baja a las partes más baja de la tierra, donde se encontraba cautiva la cautividad del hombre sin redención, trae a los que murieron en la esperanza de esa promesa, y muchos cuerpos resucitan, y estuvieron en Jerusalén cuando Jesús resucitó. Les muestra también a los otros espíritus que él había resucitado, pero ellos no resucitaron, esperan el juicio de Dios en el trono blanco, por no haber creído en su promesa de redención.

 

 

 

 

 

 

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