VII. La justificación.
A. La justificación del hombre.
1. La justicia de Dios y la
justificación del hombre.
Para poder comprender esa
justicia, y la justificación del hombre, debemos comprenderla desde el
principio del mundo, cuando un hombre desobedece a Dios y por su causa la
muerte pasó a todos los hombres, porque todos descendemos de ese primer hombre,
hasta la mujer que Dios creó de su costilla.
Después de 6 milenios
seguimos muriendo, sin que nadie pueda hacer nada. Pero Dios sí lo hizo, lo
anunció, lo prometió y lo cumplió. Es así como Jesús cumplió con esa justicia
de Dios a los hombres, a través de su obra de redención, para justificar al ser
humano delante de Dios quien lo creó. Y de esta forma somos justificados
delante de Dios santo y sublime.
Por consiguiente, no creer
en esta obra de Jesús, es impedir que seas justificado delante de Dios. Porque
Jesús es la vida, es el único que puede darte vida, y devolverte la vida
perdida por la muerte. Lamentablemente la muerte es inevitable, por eso Jesús
murió, para demostrarlo, pero él resucitó. La justicia de Dios se levantó de
los muertos. Para darle a comprender al hombre que sí hay vida después de la
muerte. Y que somos justificados a través de esta obra de justicia de Dios.
Acudir ante el tribunal
divino, sabiendo que somos culpables, y que nadie nos podrá librar del juicio,
sin tener ninguna justificación, y nadie que nos defienda. Tratando de hacer
nosotros nuestra propia justicia, y nuestra propia defensa, es ir directo a una
condenación eterna, por transgredir los mandamientos y leyes de Dios
santo.
Por las siguientes razones:
Dios nos justificó a través de la obra que hizo su hijo; es él la justificación
que tenemos delante de Dios; es la deuda pagada en su totalidad; es la consumación
de la deuda, que tenemos con Dios a través del Sacrificio Expiatorio de Jesús.
Dios no recibirá otro pago,
es la sangre de Cristo el pago de la deuda que tenemos con Dios. No hay otro
costo, solo la sangre de su Hijo, ese es el precio, ese es el costo.
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